Paraíso. una razón de peso en Hollywood.

Por Ricardo Núñez Román

 

Para muchos en la industria fílmica, llegar a Hollywood es más que un objetivo de peso, es un paraíso hecho realidad. Sin duda Diego Luna, como actor, ha logrado esa meta y ahora en mancuerna con Canana, la compañía de cine en sociedad con Gael García Bernal, buscan hacer lo propio como productores al lanzar una de sus más recientes películas al impredecible mercado Estadounidense. Creo que con esta cinta les resultará difícil conquistar la taquilla, dado que no encuentro elementos que conecten esta historia urbana, con la audiencia mexicana en los Estados Unidos, pero ojalá y el público dé la sorpresa, porque merecen el éxito.

Paraíso, basado en un cuento de Julieta Arévalo, narra la historia de Alfredo y Carmen, quienes deben mudarse a la Ciudad de México, y deciden ponerse a dieta para ser aceptados en el frívolo ambiente de trabajo de Alfredo. Uno de ellos lo logra y el otro no, generando una serie de conflictos que relatan una historia de amor, aceptación y auto conocimiento. Aunque contó con poco presupuesto, la directora Mariana Chenillo, expande el cuento al género cinematográfico con buenas ideas, y sostiene una narrativa muy interesante al construir personajes encantadores y pocas veces personificados en el cine. Los actores Daniela Rincón y Andrés Almeida hacen un trabajo pulcro y nunca caen en la caricatura, mas no así algunos de los actores de reparto, cuya interpretación rompe el ritmo íntimo de la trama central. Dejando aparte la escena impuesta con pecaminosa casualidad, en donde Carmen escucha en el baño de damas los desafortunados comentarios sobre su gordura; la primera mitad transcurre construyendo meticulosamente la relación enternecedora y divertida de sus personajes centrales; sin embargo se descuida para la segunda parte, y el final se resuelve de forma un tanto atropellada e inverosímil. Me refiero a escenas como el concurso de cocina, o cuando Carmen no consigue bajar de peso al principio y su marido sí, siendo él quien sucumbe a tentaciones; y en forzar encuentros inusitados y poco probables en una ciudad tan grande como el DF. Fuera de ello, la película entretiene, y lo hace muy bien; mención aparte merece el buen trabajo de caracterización y maquillaje, aunado a el pericial uso de estos elementos por parte de Andrés Almeida, así como la sobriedad interpretativa de Daniela Rincón.

Como es costumbre en esta columna, siempre busco analizar al cine, más allá de la óptica del entretenimiento, y ampliar la crítica en contextos sociales, políticos, culturales y técnicos; porque el medio audiovisual es una forma de arte supra elaborada, donde convergen muchas actividades artísticas y tecnológicas en una forma de comunicación que ha evolucionado más que ninguna otra. Por ello el impacto de cada uno de los contenidos que se producen en el mundo, repercute necesariamente en la sociedad que conforma la audiencia. Con esa primicia, entrevisté a los actores principales de esta cinta, preguntándoles si la película valida, de alguna manera, los malos hábitos alimenticios que padece el pueblo de México, al ocupar el segundo lugar mundial en obesidad y el primero en obesidad infantil. Reconozco que el tema central de la cinta no es denunciar un problema de salud pública, pero sí podría dejar un mensaje de autocomplacencia, al proporcionar un espaldarazo a la población obesa del país. Entiendo el valor de construir el autoestima en las personas con sobrepeso, de mandar mensajes claros de oponerse a su discriminación; pero me parece sano también, que historias como esta, abran una discusión en torno a un problema que resulta ser la principal preocupación de salud pública de México; algo sin duda con razón de peso. Al respecto, la respuesta de los actores no resultó en este sentido, como podrán ver en el video adjunto; y discrepo con la visión de que el cine debe ser una actividad que busque simplemente entretener. Pero mejor dejo abierta la discusión respecto a estos temas, a ustedes, los amables lectores de esta columna. La próxima entrega, será justamente una cinta que aparte de entretener y conmover, podría despertar una autoestima social, al retratar a personajes también relegados de las historias de Hollywood; me refiero a McFarland. Hasta entonces.

 

Ricardo Núñez Román es director de Operaciones de la Productora World Post Studios en North Hollywood California, y crítico emergente de Hola Hollywood.

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